CONVERSA
VOCES EN LA CONSERVACIÓN
UN CUENTO DE TERROR PARA MIS ALUMNOS...
o VIVENCIAS DE UN INCENDIO
Argentino. Conservador restaurador privado en colecciones artístico-históricas. Docente en materia de Conservación Preventiva y Restauración. Cuarenta años de experiencia en la profesión.
Por Silvio Goren
El siguiente artículo es la segunda participación de Silvio Goren en nuestra publicación. Si deseas re leer su contribución anterior pulsa aquí : Numero 3
Con desgano tradicional mis alumnos solían tomar mecánicamente los datos relacionados a los aspectos de seguridad y salud. El énfasis que poníamos en las cuestiones de cuidado y precaución nunca bastaban y los estudiantes solían tomar los conceptos como una fórmula más, una fecha histórica o las características físicas de una roca.
Luego de casi tres años de iniciada la materia Conservación Preventiva había en nosotros una sensación cercana al fracaso porque nuestra autocrítica decía que no lográbamos transmitir con la rapidez necesaria el nivel de peligrosidad de estos aspectos de la profesión: el control del medio en que trabajamos, las herramientas que manipulamos, los materiales tóxicos que aspiramos y contactamos y tantas otras precauciones que corresponden a nuestra realidad diaria.
Así entonces nos inquietábamos porque los alumnos no se conmovían “suficientemente” cuando mencionábamos conceptos importantes dentro de las situaciones de desastres, como que: “ninguna creación humana tiene mayor importancia que la vida de su creador”. Y nos segía preocupando la inexpresividad de sus rostros ante el importante concepto de que: “cada cual debe ser responsable de su propia salud y seguridad”, lo que quiere decir que nadie debe depender de los cuidados que “debería” cumplimentr una institución, que puede ser voluntariosa, ignorante o desidiosa, pero que en general jamás podrá tener el interés que cada uno debe brindarse en la obligación de cuidarse. Parte de nuestras obligaciones también implican preocuparnos por las condiciones básicas que corresponden a la dignidad de la autopreservación humana.
INSTRUMENTACION DEL PLAN “B”: La estrategia de un cuento...
De modo que aquella mañana, luego del saludo correspondiente y de la enunciación del tema del día como “Seguridad y salud en la Conservación”, comencé diciendo algo asi: “Supongo que saben que nos encontramos en un edificio recientemente alquilado por la institución. Lo que probablemente ignoran es que el comienzo de las clases ha obligado a descuidar aspectos de seguridad, ya que este sitio fue una fábrica y no ha sido perfectamente adaptado a las necesidades de una escuela relacionada a nuestras exigencias y características.
Hoy es un día frío y hemos cerrado puertas y ventanas para evitar las corrientes de aire y todas las estufas disponibles se encuentran encendidas para lograr una temperatura agradable. Pero como estamos en el 3er piso, el calor interno del edificio se ha concentrado aquí y ya desde temprano tenemos un medioambiente cómodo para trabajar.
Hipotéticamente, en la planta baja alguien puede haber dejado indebidamente acumulados los trapos con los que se limpian las pinturas y algunos factores del medioambiente más los vapores de algún solvente produjeron una combustión espontánea -o sea una mínima chispa proveniente “de la nada”- suficiente como para iniciar un foco de incendio que es pequeño y por tanto no detectable hasta que toma cuerpo.
Si todo esto comenzó en el “rincón de los desechos” es probable que el fuego no sea detectado hasta que las llamas y el humo sean importantes, por lo que ya no estaríamos ante un “foco” sino en un incendio en ciernes.
Mesas, sillas y textiles se encienden rápidamente produciendo un humo que se va espesando. Los primeros gritos de alarma generan pánico en algunos, que posiblemente salgan corriendo desordenadamente aunque otras personas actúan el mismo terror quedándose estáticas o retrocediendo inconscientemente a sitios estancos que en poco rato les impedirán cualquier salida hacia el exterior.
Algunos voluntariosos (inconcientes?) se acercan para ayudar y esperemos que no se les ocurra arrojar agua como primera medida, ya que la electricidad podría estar comprometida con el sitio donde se produjo el fuego. Los que conocen este tema tratan de encontrar los extinguidores, que posiblemente serán empleados sin el menor entrenamiento, por lo que en principio ignoran si estos artefactos son los adecuados para el tipo de fuego (que por otro lado, sigue ganando fuerza).
También pueden ignorar esas personas que cerca del fuego el oxígeno se habrá reducido drásticamente y que para peor algunos matafuegos operan disminuyendo aún más el oxígeno, para eliminar uno de los factores coadyuvantes de la ignición.
Como los armarios y alacenas que guardan productos inflamables no son resistentes al fuego (seguramente porque son más caros...) al poco rato las latas y recipientes comienzan a estallar y los materiales encendidos se disparan a varios metros en todas direcciones y creando nuevos focos.
El humo no permite ver claramente y las explosiones y llamaradas conmocionan a aquéllos que se acercaron a colaborar. La falta de oxígeno hará que nadie que se encuentre en ese sitio, pueda reaccionar muy coherentemente y es el momento en que alguien pudiera tropezar, encenderse sus ropas o tener un acceso de tos que lo demore preciosos segundos...
Hace rato que esas personas están expuestas a gravísimo riesgo y es probable que alguna de ellas se transforme en una de las primeras víctimas de esto que decididamente ha dejado de ser un “principio de incendio”.
- En mi clase, algunos alumnos bromeaban respecto de los profesores que preferirían arrojar a las llamas, aunque algunos otros –al no poder tomar notas- me observaban recelosos, tratando quizá de adivinar cuál era mi morboso propósito de decirles estas cosas terribles. Mi cara estaba programada para no transmitir emociones, por lo que con el mismo tono de voz continué mi relato:
La temperatura en la planta baja es insoportable físicamente y el aire se ha calentado en tal alto grado que “quema”, prolongando la áreas peligrosas aunque no existan llamas propiamente.
Quienes bajan las escaleras entre el humo, asustados y en estado de excitación desesperados por llegar a las salidas- ignoran que dos o tres bocanadas de ese aire tan caliente producirá quemaduras irreversibles en sus pulmones, afecciones que tendrán que sobrellevar por el resto de sus vidas. Quienes tropiecen, se desorienten o sean atropellados y se demoren algunos momentos más ya no tendrán salvación porque las mucosas de sus pulmones se afectarán a tal punto que ya no podrán incorporar oxígeno a la sangre, y morirán por asfixia aunque les suministren una máscara de oxígeno puro.
El calor y el fuego hace rato han comenzado a afectar las instalaciones eléctricas externas e internas, produciendo cortocircuitos que incineran los cables por dentro de la pared y transmiten nuevos focos de incendio a sitios distantes del edificio. En el mejor de los casos, alguien cortará el suministro central de energía, pero eso también dejará muchas áreas a oscuras...
¿A alguien se le habrá ocurrido también cortar el suministro de gas?...”
- Si mal no recuerdo, fue a esta altura que mis alumnos habían dejado de sonreír y las bromas de comienzo habían desaparecido, para dar lugar a caras de desagrado e incomodidad.
Al percibir que mi “triste éxito de audiencia” era contundente les pregunté si alguna vez habían pensado en estas cuestiones. Sólo una joven me contestó, diciendo que ella confiaba en que este tipo de situaciones estaba debidamente controlada por la institución.
Así fue que a esta persona comencé explicándole que los seres humanos somos proclives a “ignorar” o más bien a “negar” ciertas situaciones de riesgo y también a cargar a los demás con algunas responsabilidades que nos corresponden, como por ejemplo la de la autopreservación.
Y ante el silencio general, les dije: “-aún no les conté qué es lo que nos va a pasar a los del 2do y 3er piso... Y continué de este modo:
Algunos materiales –como las maderas- “pirolizan” produciendo substancias tóxicas e irritantes, a la par de los “resistentes al fuego” que suelen terminar generando estos mismos efectos cuando han cedido su resistencia.
A todo esto los gritos y el desorden impedirán escuchar si alguien pueda haber quedado atrapado en un ascensor, que si desgraciadamente esto ha ocurrido jamás sabremos si lo utilizaron por inconsciencia o si simplemente fueron sorprendidos por el corte de luz.
Personas del 1er y 2do piso probablemente crean ya que su única posibilidad de subsistir será la llegada de los bomberos, pero también seguramente algunos abrirán las ventanas en la pretensión de disipar el humo o encontrar una vía con algún edificio lindero.
La apertura de cada ventana creará de inmediato un “tiraje” del fuego hacia los niveles superiores, buscando el oxígeno que avivará las llamas. Es cuando desde cada núcleo aislado partirán a su ascenso enormes lenguas de fuego que se desplazarán por corredores, pasillos y escaleras, encendiendo todo lo que restaba y quemando gravemente a toda persona que se encuentre a su paso.
Lo que en el 1ro, 2do y 3er pisos era un área irrespirable ahora es parte del mismo incendio, donde comienzan a arder otros elementos inflamables; mientran los desesperados empujan sin sentido, los débiles son golpeados y los aterrados se inmovilizan. Dentro de ese caos, el humo y el calor ardiente probablemente nos hayan cobrado como víctimas antes de que nos lleguen las llamas...”
Entonces pregunté: ¿Alguna vez han hecho aquí un simulacro de incendio? ¿Alguien reparó en los carteles que señalan una salida opcional en caso de desastres? ¿Qué saben respecto de los matafuegos?
¿Llegarán a tiempo los bomberos? ¿Alguien tendría organizado sobre su escritorio los números telefónicos actualizados para hacer rápido frente contra estos desastres?
¿Habría sido útil practicar la evacuación de la instiución en un previo simulacro de incendio? ¿Habrán muchos otros conceptos de “salud” que debamos también atender?
¿Será que ignoramos tantas cosas o es que también hacemos “oídos sordos” a muchas de las advertencias que nos hacen quienes tienen experiencia? Ustedes han de ser Conservadores y no sólo deberán cumplir con las normas sino que tendrán que convencerse de ellas al punto de que las retransmitirán con fervor a todos los colegas con quienes compartan el sitio de trabajo.
Y lo primero que les tocará hacer entender es que la preservación debe nacer en uno mismo, porque aún con la mejor voluntad las instituciones siempre estarán sumergidas en problemáticas “urgentes” como el presupuesto, los problemas políticos, etc. Pero como las instituciones han sido creadas para y por los humanos, corresponde que sus habitantes tengan en cuenta que son lo mejor que esa institución pueda tener...
...Por eso es que ustedes no van a esperar que los cuiden sino que van a ser los impulsores de un sistema coherente de prevención; porque no existe en el mundo un documento, obra de arte o creación alguna que alcance la importancia de lo que una vida humana.
...Y que por tal, se le deben atribuir la dignidad de todos sus derechos, que a tal categoría corresponden: como por ejemplo, nuestra salud...